Jean Pierre , como prefirió ser llamado para esta nota, aprendió muy temprano que en su casa había cosas que no se podía ser . No se podía ser femenino , ni jugar con muñecas , ni caminar con los tacones de su mamá. Tampoco se podía desear distinto. En la casa familiar, en el centro de Quito , la diferencia no se nombraba, se castigaba . Desde chico entendió que su cuerpo y sus gestos estaban bajo vigilancia constante , que cada movimiento podía despertar ...