A Martín Imán la emoción lo desborda cuando recorre su historia como pastelero. Tiene que frenar el relato y secarse las lágrimas. Dice que siempre fue así: un pibe de Villa Urquiza que pateó las calles del barrio , trabajó en lo que pudo y que, en una de esas noches de salida, se cruzó con quien terminaría cambiándole el rumbo a su vida. Ella es Diana, psicóloga , pelo lacio, rojo fuego. La mujer que logró encauzar esa energía explosiva y empujarlo a cree...