La universidad no se defiende con nostalgia
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La universidad no se defiende con nostalgia

En los últimos dos años, se han llevado a cabo cuatro marchas federales universitarias en Argentina, lo que refleja la relevancia de la educación pública en el país. Sin embargo, el debate sobre el tema se ha polarizado, con el Gobierno acusando de opacidad y politización, mientras que las universidades argumentan que el principal problema es la falta de financiamiento. Ambas partes tienen razón en ciertos aspectos, pero evitan abordar el fondo del asunto. Un análisis de Edulab de IDESA revela un deterioro significativo en el gasto universitario, que ha caído un 35% entre 2012 y 2021, y se espera que para 2025 alcance el nivel más bajo de la historia. En el primer cuatrimestre de 2026, las partidas para ciencia, hospitales universitarios y becas han disminuido casi un 78% en términos reales respecto a 2023. Este recorte no es puntual, sino una reducción desordenada que afecta gravemente a las áreas más críticas. Además, el sistema universitario enfrenta un desafío importante: solo el 23% de los estudiantes se gradúa en el tiempo previsto, y la representación de jóvenes del decil más pobre disminuye drásticamente a medida que avanzan en sus estudios. La distribución del presupuesto universitario se basa en la inercia, lo que significa que cada institución parte de lo que recibió el año anterior sin criterios claros ni estables que consideren matrícula, graduación y cobertura territorial.

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