Los dramáticos testimonios tras los dos potentes terremotos en Venezuela: “Se rajó toda la pared, fue horrible”
CARACAS.– Los gritos comenzaron apenas la tierra empezó a moverse. En edificios de departamentos, centros comerciales, hospitales y oficinas, miles de venezolanos abandonaron todo para correr hacia las calles mientras los dos fuertes terremotos que sacudieron el país hacían temblar paredes, techos y ventanas.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), un terremoto de magnitud 7,2 sacudió la zona situada a unos 160 km al oeste de Caracas, y menos de un minuto después se produjo otro de magnitud 7,5.
“Es probable que haya un elevado número de víctimas y daños extensos, y es probable que el desastre sea de gran alcance”, afirmó el USGS, con una estimación inicial del número de fallecidos que podría situarse entre 10.000 y 100.000.
En el barrio caraqueño de El Paraíso, la escena era de angustia pura. Un edificio residencial de seis pisos se desplomó y, al caer la noche, equipos de rescate seguían buscando sobrevivientes entre los escombros. Detrás de los cordones policiales, decenas de familiares aguardaban noticias de sus seres queridos.
Miembros de la Guardia Nacional, la policía y Protección Civil trepaban sobre los restos del inmueble mientras gritaban los nombres de personas desaparecidas y pedían silencio. “Retrocedan, no hagan ruido”, repetían, para intentar escuchar posibles respuestas de quienes pudieran haber quedado atrapados. En medio del operativo, los rescatistas lograron sacar con vida a una niña y a un perro.
La incertidumbre se extendía mucho más allá de la zona del derrumbe. Los cortes de comunicaciones dejaron a miles de personas sin noticias de familiares y amigos, alimentando la desesperación dentro y fuera del país.
“Necesito saber cómo está mi familia”, dijo Niurka Meléndez, cofundadora de una organización de ayuda a venezolanos e inmigrantes en Nueva York. Nacida en Venezuela, explicó que no lograba comunicarse con más de veinte familiares que viven en Caracas porque las conexiones estaban caídas.
En distintos puntos de la capital, el terremoto sorprendió a personas en situaciones cotidianas. Heidi Romero, comerciante de 42 años, se encontraba en el último piso de un concurrido centro comercial de Altamira cuando comenzó el movimiento.
“Fue increíble, no sé ni cuánto tiempo duró”, relató. “De unos negocios se cayeron bastantes cosas. Salimos por las escaleras de emergencia, por ahí nos sacaron”.
El temblor provocó escenas de pánico. Estanterías se desplomaron, objetos cayeron al suelo y cientos de personas corrieron hacia las salidas.
Odalis Escalona, de 54 años, empleada bancaria, describió los daños que observó dentro del edificio. “Se desprendieron las escaleras, se rajó toda la pared. Cayeron cosas del techo. Fue horrible”, contó.
La sensación de vulnerabilidad también quedó grabada en quienes se encontraban en sus hogares. Carmen Guédez, de 69 años, estaba acompañando a una hermana enferma cuando comenzó el sismo.
“Fue subiendo de intensidad”, recordó. “Empecé a ver cómo las ventanas empezaron a moverse y luego se sacudió todo”.
Sin posibilidad de evacuar rápidamente a su hermana, permanecieron dentro de la vivienda.
“Mi hermana, una vecina y yo nos quedamos rezando, abrazaditas ahí. No podíamos salir. Los vecinos aún están en la calle”, relató.
En el oeste de Caracas, Astrid Ramírez, publicista de 41 años, escuchó primero los gritos de sus vecinos.
“Tan pronto empezó, comenzamos a oír a la gente gritar”, dijo. “Todos corrían por las escaleras”.
Coro Martínez, de 56 años, recordó el estruendo que acompañó al movimiento de la tierra.
“Hubo un ruido muy fuerte. Se cayeron cosas en la casa, incluso recipientes dentro de la heladera. Nunca había vivido algo así”, afirmó.
Para muchos venezolanos, el terremoto evocó el recuerdo del devastador sismo de 1967 que dejó centenares de muertos en Caracas. María Romero, una jubilada de 80 años, aseguró que la experiencia de este miércoles fue incluso peor.
“La policía me ayudó a salir de mi casa”, contó. “Este terremoto fue horrible, incluso peor que el de 1967”.
Otra mujer de 41 años que trabaja en una oficina relató cómo recibió una alerta sísmica en su teléfono segundos antes de que se desencadenara el episodio más violento.
“Era una tarde normal y de repente sonó una alerta de terremoto en mi celular”, recordó. “Cuando empecé a escucharla sentí un movimiento leve. Después, en menos de dos segundos, todo comenzó a moverse”.
A unos 270 kilómetros al oeste de Caracas, cerca del epicentro, el miedo fue igual de intenso. Lourdes Azuaje, de 37 años, estaba duchándose en su casa de San Felipe cuando sintió que las paredes y el techo vibraban.
“Las cosas comenzaron a caerse”, contó. Sin tiempo para reaccionar, salió corriendo a la calle envuelta apenas en una toalla.
“Parte del techo de mi vecino se vino abajo”, relató.
Después llegaron las réplicas. Como muchos otros habitantes de la zona, decidió no regresar a su vivienda. Su plan era pasar la noche a la intemperie, por temor a nuevos movimientos.
Mientras tanto, en Caracas, cientos de personas permanecían reunidas en las calles, plazas y estacionamientos. Algunos rezaban. Otros llamaban una y otra vez a familiares sin obtener respuesta. Muchos simplemente observaban los edificios dañados, temerosos de volver a entrar.
Agencias AFP y Reuters, y diario The New York Times