Las lealtades hacia Emmanuel Macron comienzan a desvanecerse a medida que se acerca el final de su mandato, con elecciones presidenciales programadas para la primavera de 2027 en Francia. Un flujo constante de dimisiones ha sido evidente, ya que varios colaboradores cercanos al presidente están aceptando nuevos trabajos, conscientes de que su tiempo en el gobierno se agota. Macron enfrenta la presión de tomar decisiones significativas tanto a nivel interno como en el contexto internacional, especialmente en relación con el "dominio" de China y la "imprevisibilidad" de Donald Trump. Recientemente, cuatro asesores de alto nivel han dejado el gobierno, incluyendo a Anne-Claire Legendre, quien renunció para dirigir el Instituto del Mundo Árabe. Además, el jefe de gabinete de Macron, Emmanuel Moulin, está considerando postularse para el Banco de Francia, lo que podría debilitar aún más su círculo cercano. Ante esta situación, Macron busca reforzar su equipo con funcionarios de otros ministerios, mientras intenta posicionarse como una voz de Europa en defensa de la Unión y la OTAN, en contraste con la postura militarista de Estados Unidos en el conflicto en Irán. Paralelamente, Francia enfrenta problemas internos, como la escasez de combustible que ya afecta al 20% de las estaciones de servicio del país. La Unión Europea ha advertido sobre una posible "interrupción prolongada" en el suministro de petróleo y gas, instando a los ciudadanos a reducir sus desplazamientos.