La última publicación de Santiago Ríos, actor de Los Roldán y Cha Cha Cha, unos días antes de su muerte
El 16 de junio de 2026, Santiago Ríos publicó en su cuenta de Instagram lo que sería su última aparición en redes sociales. El actor de ciclos míticos como Cha Cha Cha y ficciones tales como Los Roldán, Los Simuladores y ATAV, había publicado una foto en blanco y negro acompañada de una frase que, a la luz de su muerte el 1 de julio, adquirió una resonancia que sus seguidores no tardaron en señalar.
“Efattá. Si tu lealtad fue ignorada, no insistas en demostrarla. El agua sostiene la vida, pero cuando se desborda, también aprende a irse”, compartió. La publicación, que en su momento pasó sin demasiada atención, se convirtió tras el anuncio de su fallecimiento en el punto de encuentro de quienes quisieron despedirlo.
Efattá es una palabra en arameo que significa “ábrete” o “sé abierto”. Aparece en el Evangelio de Marcos (7:34), cuando Jesús la pronuncia para sanar a un hombre sordo y mudo. En sentido simbólico, remite a la apertura del entendimiento y del corazón. Que Ríos eligiera esa palabra para encabezar su reflexión final dice algo de la clase de hombre que era: alguien que pensaba en voz alta, que buscaba en el lenguaje algo más que la comunicación inmediata.
Los comentarios que llegaron al posteo tras conocerse su muerte trazaron un retrato colectivo del actor. “Te amo, amigo. Fue muy raro que no me contestaras un mensaje, cuando pasábamos horas, y te esperaba para viajar a Jureré. Gracias por las charlas, por las palabras, por ser mi amigo. Te voy a recordar bapi, como te decía mi hijo”, escribió una usuaria. Otro, dejó un mensaje que habló de un vínculo más profundo: “Hermano, me invade mucho la tristeza. Gracias por tanto amor, por esos abrazos rompehuesos como les decías vos, por ser como un papá para mí este tiempo. Te adoro y te voy a recordar siempre. Me alegra haber podido compartir este último tiempo con vos. El cielo ganó un ángel”. Otro internauta lo describió como “un tipo humilde y talentoso como pocos”.
La Asociación Argentina de Actores confirmó su muerte el mismo 1 de julio con un comunicado que resumió décadas de trabajo sostenido en tres disciplinas: “Despedimos al actor, director, dramaturgo y docente Santiago Ríos, quien desarrolló una extensa y sólida trayectoria en el teatro, el cine y la televisión. Expresamos nuestras más sinceras condolencias a sus familiares, amistades y seres queridos”. Tenía 70 años. Había nacido el 15 de octubre de 1955 en Paraná, provincia de Entre Ríos.
El camino que lo llevó hasta los escenarios y las cámaras no fue el más directo. Antes de dedicarse a la actuación, estudiaba para ser gasista matriculado y hacía changas como repartidor de diarios y de pedidos de carnicería. Fue la formación con Juan Carlos Gené y Pablo Cordonet la que lo encaminó definitivamente hacia el arte. Ríos estaba afiliado a la Asociación Argentina de Actores desde 1995, lo que da una idea de cuándo se consolidó su decisión de vivir de esto.
Pese a no haber ocupado roles protagónicos, su rostro fue uno de los más reconocibles de la televisión argentina desde fines de los años noventa y a lo largo de las décadas del 2000 y 2010. Esa presencia constante, sin el brillo del primer plano pero con la solidez de quien sabe exactamente lo que hace, fue su marca. Integró los elencos de Tumberos, Los Simuladores, Los Roldán, La Niñera, Casados con hijos, Casi ángeles, Patito Feo, Lalola, Graduados, 100 días para enamorarse y El mejor infarto de mi vida, entre muchas otras producciones.
También pasó por los ciclos humorísticos Cha Cha Cha y Videomatch, además de ficciones como ATAV – Argentina, tierra de amor y venganza, Son amores, Disputas, Costumbres argentinas, Culpable de este amor, Amor en custodia, Quién es el jefe, Gladiadores de Pompeya, Palermo Hollywood, Amo de casa, Los exitosos Pells, Los exitosos Pérez, Ciega a citas, Peter Punk, Sr. y Sra. Camas, Sandro de América y Quiero vivir a tu lado, entre otras.
El teatro fue el otro gran eje de su carrera, y allí sí se lo encontraba en un terreno que elegía con libertad. Trabajó en las principales salas del circuito oficial, comercial e independiente bajo la dirección de figuras como Rubén Szuchmacher, Pompeyo Audivert, Norman Briski, Agustín Alezzo y José María Muscari. Su lista de obras da cuenta de un actor que no se quedó en un solo registro: Los Locos Addams, Rey Lear, Stefano, Marat-Sade, Diario de un loco, Filomena Marturano, Extraña pareja, Sinvergüenzas, La farsa de los ausentes, Gente educada, Manzana podrida y Dice mamá que basta, entre muchas otras. Del clásico shakespeariano a la comedia popular, Ríos transitó todo el espectro sin que ninguno le resultara ajeno.
En cine, su filmografía incluyó 1978, Tiro de gracia, Amor a mares, La boleta, El abismo… todavía estamos, Lucky Luke, Un hijo genial, La furia y Corazón iluminado, entre otros títulos de la producción nacional.
Paralelamente a su carrera como intérprete, Ríos sostuvo durante años una actividad como docente teatral. Esa dimensión de su trabajo es la que sus colegas suelen recordar con tanto afecto como sus actuaciones. Formó a nuevas generaciones de actores en un oficio que él mismo había aprendido desde abajo, desde las changas y los estudios de gasista, antes de encontrar su lugar frente al público.