Interna en el régimen iraní: la ausencia de Mojtaba Khamenei en el funeral del líder supremo abre las dudas sobre su poder real
La ausencia de Mojtaba Khamenei en los actos fúnebres de su padre, el ayatollah Ali Khamenei, avivó las dudas sobre su estado de salud y su capacidad para ejercer el liderazgo supremo de Irán en uno de los momentos más convulsos de los 47 años de historia de la República Islámica. El nuevo líder supremo, designado el 8 de marzo tras el asesinato de su padre en un ataque aéreo estadounidense-israelí el 28 de febrero, no ha realizado ninguna aparición pública desde entonces.
Las ceremonias fúnebres culminaron el jueves en la ciudad santa de Mashhad con la presencia de figuras de primer orden: el presidente del parlamento y negociador jefe con Estados Unidos, Mohammad Bagher Ghalibaf; el presidente del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei; y Mostafa Khamenei, hijo mayor del fallecido líder. El hijo menor, Mojtaba, de 56 años, brilló por su ausencia sin que se emitiera siquiera un mensaje escrito en su nombre.
Fuentes cercanas al régimen citadas por Reuters atribuyen la ausencia del nuevo líder a una combinación de factores: desfiguración facial y otras lesiones sufridas en el mismo ataque que mató a su padre, junto a consideraciones de seguridad ante el riesgo de un nuevo atentado. El presidente Masoud Pezeshkian afirmó en mayo que se había reunido con Mojtaba y que su estado mejoraba, en lo que constituye el último pronunciamiento oficial sobre su salud.
Farzan Sabet, investigador principal del Instituto Universitario de Ginebra, explicó a AFP que la ausencia responde probablemente a “una combinación de lesión física que impide su aparición pública” y a consideraciones de seguridad, “dado el riesgo de que las apariciones públicas sean utilizadas para rastrearlo y preparar un futuro atentado”. Sabet añadió que, como líder de un Estado teocrático, Mojtaba podría necesitar proyectar una capacidad física que su recuperación aún no le permite.
Analistas consultados por AFP y Reuters coinciden en que la designación de Mojtaba Khamenei contó con el respaldo de la Guardia Revolucionaria (CGRI), fuerza de la que depende en mayor medida que su padre. Jason Brodsky, director de política del grupo de presión estadounidense United Against Nuclear Iran, señaló a AFP que “el equilibrio de poder entre la oficina del líder supremo y la CGRI se ha desplazado”, y describió a Mojtaba como un líder “más débil” que Ali Khamenei.
Durante los actos en Teherán emergió también la figura del comandante de la Guardia Revolucionaria Ahmad Vahidi, que no había sido visto durante el conflicto y cuyo predecesor murió en el mismo ataque que acabó con la vida del anterior líder supremo. Su reaparición subrayó el peso creciente de la institución militar en la conducción del Estado.
A diferencia de su padre —que tardó años en consolidar su autoridad tras ser nombrado en 1989— y del fundador de la revolución, el ayatollah Ruhollah Khomeini, Mojtaba Khamenei carece de credenciales religiosas reconocidas y no fue una figura política relevante por mérito propio. Su función hasta ahora había sido gestionar la vasta oficina de su padre y cultivar una red de contactos en todo el país, incluidos los vínculos con la Guardia Revolucionaria.
Alex Vatanka, investigador sénior del Middle East Institute, escribió en la publicación Al-Majalla que Mojtaba “no puede invocar el carisma de Khomeini ni fingir la autoridad de su padre, que tardó toda una vida de crisis en construirse”, y recordó que la sucesión hereditaria es precisamente lo que la revolución de 1979 rechazó al derrocar al sha. Sabet, por su parte, señaló que para la mayoría de los iraníes el nuevo líder tendrá “incluso menos legitimidad que su padre”.
La inquietud se extiende entre la población iraní. Más de 20 ciudadanos contactados por Reuters en semanas recientes expresaron preocupación por la ausencia del líder. “La ausencia del líder supremo, ahora que la guerra ha terminado, generará una incertidumbre y un desorden crecientes en el país”, afirmó Mohammadreza, un profesor de 51 años en Teherán. Taghi, comerciante de 47 años en Isfahán, añadió: “La gente necesita ver que hay un líder y que está dirigiendo el país”.
Ali Ansari, catedrático de historia moderna de la Universidad de St Andrews, planteó la paradoja de fondo: “¿Cómo se logra una sucesión carismática cuando el sucesor no está presente? No es sostenible a largo plazo”, declaró a Reuters. Brodsky, en línea con ese diagnóstico, advirtió que detrás de la imagen de fortaleza y cohesión que Irán intenta proyectar tras el conflicto, “entre bastidores hay paranoia y miedo” tras la muerte no solo del líder sino de toda una capa de funcionarios en los ataques.
(Con información de AFP y Reuters)