Los herederos de un coleccionista judío de arte perseguido por los nazis están demandando al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York —conocido como el Met—por la propiedad de una pintura de Camille Pissarro legado al museo hace más de dos décadas por el entonces presidente de su junta directiva, Douglas Dillon. La demanda afirma que Braunthal y su esposa Charlotte se encontraban en la indigencia cuando le vendieron Almiares por 100.000 francos a la galería Durand-Ruel. La galería era conocida por comerciar con obras de Pissarro y otros pintores impresionistas. “Ante la clara negativa del Met a devolver la obra en disputa, sus tácticas dilatorias y su actitud manifiestamente abusiva a pesar de las numerosas pruebas aportadas por los herederos de Max Braunthal en apoyo de su reclamo, estos no han tenido más remedio que acudir a la Justicia”. Los especialistas en derecho de obras de arte aseguran que una sentencia de la justicia de Francia no obligaría al Met a entregar el cuadro, a menos que los herederos consiguieran una posterior orden de la justicia de Estados Unidos que ejecutara una sentencia emanada del extranjero. El Met también tendría la opción de apelar un eventual fallo en su contra dentro del sistema judicial francés, y en última instancia quizás ante un tribunal independiente que revise las decisiones tomadas por los tribunales de los países de la Unión Europea. Un problema de jurisdicción similar surgió durante la larga batalla legal entre el gobierno italiano y el Museo Getty de Los Ángeles por la propiedad de una estatua conocida como el Bronce Getty o Juventud Victoriosa . El Getty argumenta que adquirió la estatua correctamente y que la misma había sido hallada en aguas internacionales. Sin embargo, en 2018 el tribunal supremo de Italia falló en contra del Getty y determinó que la pieza de bronce era un bien cultural saqueado. En 2024, el tribunal europeo, de mayor alcance, denegó la apelación del museo. La disputa sigue aún sin resolverse. El gobierno italiano aún no ha interpuesto una acción de ejecución en Estados Unidos. Braunthal, propietario de grandes almacenes y coleccionista de arte, nació en Alemania en 1878, pero ante la escalada del antisemitismo huyó a Francia con algunas de sus propiedades, incluido el Pissarro. Tras el acceso al poder de Hitler y los nazis, en 1933, los bienes de Braunthal en Alemania fueron confiscados. Braunthal y su esposa se cuentan entre los 13.000 judíos de París y sus alrededores que fueron detenidos por la policía francesa en julio de 1942 y confinados en condiciones infrahumanas en un velódromo parisino. Durante su cautiverio, las autoridades nazis confiscaron el resto de la colección de arte de Braunthal con el pretexto de que las obras pertenecían al patrimonio nacional alemán. Braunthal sobrevivió a la ocupación, pero falleció de cáncer en 1946. Los herederos afirman que un indicio de que la venta fue “forzada” y debería anularse es que en dos semanas la galería Durand-Ruel vendió el Pissarro que le había comprado a Braunthal a un coleccionista alemán llamado Wolfgang Krueger, por 140.000 francos, embolsando una diferencia del 40%. La abogada de los herederos, Melina Wolman, dijo que sus clientes le solicitaron al tribunal civil de París, donde el 21 de enero fue presentada la demanda, que anule la venta durante la guerra y les otorgue la titularidad del Pissarro. En las ocho décadas transcurridas desde la derrota de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, los legisladores y la jurisprudencia francesa adoptaron una definición amplia de lo que constituye una “venta forzosa” durante la era nazi. El Met tiene de tres a seis meses para responder a la demanda, señaló la abogada Wolman. Krueger conservó el Pissarro que le había comprado a la galería hasta 1958. Luego el cuadro fue vendido y revendido dos veces, hasta terminar en la Galería Knoedler de Nueva York, donde en 1959 fue adquirido por Dillon, un financiero de Wall Street. Posteriormente, ocupó varios cargos en el Met, incluyendo la presidencia de la junta directiva del Museo durante seis años, hasta 1983. Nicholas O’Donnell, abogado especializado en numerosos casos de restitución de obras de arte y objetos históricos, señala que si bien la sentencia de un tribunal francés no sería la última palabra, sentaría un precedente que ayudaría a los demandantes si deciden demandas ante la justicia de Estados Unidos. “En cuanto a la cuestión de fondo si un tribunal francés anula la venta de 1941, los herederos probablemente argumentarán ante un tribunal de Nueva York que cualquier título de propiedad posterior es insalvablemente inválido y que la propiedad vuelve a los herederos de la víctima”, dice O’Donnell. “Y ese es un argumento sólido en sí mismo”. (Traducción de Jaime Arrambide) Arte y Cultura Arte Seguí leyendo El caso llegó a la Justicia. Los descendientes de Manuelita Rosas quieren frenar el traspaso del sable corvo de San Martín Sigue el culebrón. Tres sobrinos segundos de Beatriz Sarlo se sumaron a la sucesión de los bienes de la intelectual En Nueva York. 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