NUEVA YORK.— Es difícil inquietar a Julia Sheffield, psicóloga especializada en tratar a personas con delirios. Pero el verano pasado se sintió desconcertada cuando algunos pacientes empezaron a contarle sus conversaciones con chatbots de inteligencia artificial. Una mujer, sin antecedentes de enfermedad mental, pidió consejo a ChatGPT sobre una compra importante que le preocupaba. Tras varios días en los que el robot validó sus preocupaciones, se convenci...